miércoles, 5 de agosto de 2015

Profecía cumplida Daniel capítulo 8 - Visión del carnero y del macho cabrío


 
8  En el año tercero del reinado del rey Belsasar me apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes.
2 Vi en visión; y cuando la vi, yo estaba en Susa, que es la capital del reino en la provincia de Elam; vi, pues, en visión, estando junto al río Ulai.
3 Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después.
4 Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía.
5 Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos.
6 Y vino hasta el carnero de dos cuernos, que yo había visto en la ribera del río, y corrió contra él con la furia de su fuerza.
7 Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder.
8 Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo.
9 Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa.
10 Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó.
11 Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra.
12 Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó.
13 Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados?
14 Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.
15 Y aconteció que mientras yo Daniel consideraba la visión y procuraba comprenderla, he aquí se puso delante de mí uno con apariencia de hombre.
16 Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que gritó y dijo: Gabriel,  enseña a éste la visión.
17 Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin.
18 Mientras él hablaba conmigo, caí dormido en tierra sobre mi rostro; y él me tocó, y me hizo estar en pie.
19 Y dijo: He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin.
20 En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia.
21 El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero.
22 Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él.
23 Y al fin del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas.
24 Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos.
25 Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana.
26 La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días.
27 Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; pero estaba espantado a causa de la visión, y no la entendía.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Copyright © 1960 by American Bible Society


Daniel capítulo 8 ha sido tema de estudio y debate por los que anhelan el conoceimiento profundo de las escrituras, a continuación les presento una posición personal sobre esta profecía, antes de empezar con la lectura cclaro que no demando aceptación ni infabilidad del material escrito. 


v 1-2 En el año tercero del reinado del rey Belsasar me apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes. Vi en visión; y cuando la vi, yo estaba en Susa, que es la capital del reino en la provincia de Elam; vi, pues, en visión, estando junto al río Ulai.

 En el año tercero del reinado del rey Belsasar, Esto sucedió cuando Babilonia estaba asegurada en el poder. aunque la visión con el surgimiento y destino del Imperio Griego, el Imperio Griego no era nada en el momento que la profecía llegó a Daniel.


 V 3-4 Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después. Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía.

El versículo 20 nos da la reespuesta acerca de este carnero - V.20 En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia.


Los orígenes del Imperio Medo
Las dos tribus arias más importantes que se asentaron en la llanura irania fueron los medos y los persas. En los siglos en los que dichos asentamientos tuvieron lugar, todos los pueblos de Asia Menor estaban dominados por los asirios, cuyo ejército se tenía por invencible y que mantuvo bajo su yugo a todos los pueblos que vivían entre Armenia y Egipto. El primer gran caudillo militar de los medos fue Aquemenes, que durante el primer tercio del siglo VII a.C. contribuyó a resquebrajar la formidable reputación del imperio asirio obteniendo varias victorias que colocaron a su linaje, los Aqueménidas, en una envidiable situación a la hora del gobierno de las tribus iranias.

El siguiente soberano medo que conocemos es Ciaxares, el cual fue responsable directo de la caída del imperio asirio y puso las bases del poderío medo en Asia Menor: en el 612 a. C. los medos, en alianza con los caldeos, destruyeron Nínive, la capital del imperio asirio. Dos años más tarde (610 a. C.), la victoria de Ciaxares en la batalla de Harran ponía fin al último reducto asirio: el reino de Ashshurubalt. Ciaxares continuó la expansión meda hacia el norte de Mesopotamia, llegando a alcanzar Capadocia y a enfrentarse con los lidios. Mediante acuerdos con éstos, quedó establecido el río Halys (situado en la parte oriental de la meseta de Anatolia) como frontera entre Lidia y Media. Como conclusión, podemos afirmar que, a la muerte de Ciaxares (585 a. C.), el imperio medo quedó convertido en el mayor poder existente en Asia Menor.
El Imperio persa en el siglo V a.C. estaba denostado por culpa de las luchas internas. El caos gubernativo en el que se hallaban los persas fue presa fácil para el gran conquistador de la Antigüedad: Alejandro Magno. El soberano persa Darío III nada pudo hacer ante la imponente maquinaria bélica dirigida por el macedonio, que anexionó todo el Imperio a sus dominios en el 330 a.C.

V 5-8 Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos. Y vino hasta el carnero de dos cuernos, que yo había visto en la ribera del río, y corrió contra él con la furia de su fuerza. Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder. Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo.



Estos cuatro versículos hablan del surgimiento del Ímperio griego y del Alejandro Magno como el cuerno notable. El versiculo 8 habla de que cuando el cuerno estaba en su vigor fue quebrado, esto lo relata la historia sobre que Alejandro a los 33 años y luego de haber conquistado todo el mundo conocido para su época murió. Luego el relato eprofético habla de que este cuerno se dividió hacia los 4 puntos del cielo. Esto se refiere a que el ímperio alejndrino se dividió en 4 monarquías luego de la  muerte de Alejandro. ACÁ LES COMPARTO UNA REFERENCIA DE ESTOS HECHOS.


Alejandro Magno y la conquista del nuevo mundo


Alejandro III nace en julio o en agosto del año 356 a.C. en la capital macedonia, Pella, en el norte de Grecia. Su madre, Olimpia, una princesa del reino de Molosia que afirma descender del héroe mitológico Aquiles, adora a su hijo. Su padre, que cuenta entre sus antepasados al legendario semidiós Heracles, procura al inteligente príncipe la educación más exquisita.

La conquista del Imperio persa por parte de Alejandro fue mucho más que un simple episodio bélico entre griegos y persas. Ya fuera por la magnitud de la empresa, ya por su éxito, el mundo antiguo no volvió a ser igual después de esos diez años de campañas ininterrumpidas de los macedonios y sus aliados por Oriente. Las razones de Alejandro para llevar a cabo una campaña de tal envergadura y dificultad nos son desconocidas. Él mismo arguyó su deseo de vengar las invasiones persas de más de un siglo antes, aunque no hay duda de que, en parte, existía la voluntad de unir las heterogéneas ciudades-estado griegas, antes enfrentadas a Macedonia y entonces bajo su dominio, en una empresa común que aunase esfuerzos y evitase disidencias. Se trataría de buscar un enemigo exterior para evitar que se acabase pensando que el verdadero enemigo era la monarquía macedonia.
Alejandro Magno
Con un ejército compuesto por unos cuarenta mil hombres y el firme propósito de liberar las ciudades griegas sometidas por los persas, Alejandro atravesó el Helesponto en la primavera de 334 a.C., iniciando su marcha contra el Imperio persa y dejando su reino en manos de Antípatro. Precisamente la composición de su ejército, unida a su indiscutible talento como estratega y a la hábil elección de hombres capacitados y de confianza como generales, constituyó la clave de sus victorias.
Ya en la configuración de su primer ejército se reunía un conjunto equilibrado de efectivos con armas diferentes. Este conjunto lo constituían la infantería pesada, integrada por contingentes griegos enviados por la Liga de Corinto y por mercenarios; la falange macedonia de armamento pesado, con la característicasarissa (lanza de unos cinco metros de longitud); la infantería ligera, compuesta por macedonios, tracios y peonios dotados de jabalina; el cuerpo de arqueros cretenses; y, ocupando una posición relevante, la caballería pesada macedonia, principal cuerpo de choque de su ejército, apoyados por la caballería ligera de tesalios y tracios.
Falange macedonia
Cuando arribó a tierras asiáticas, Alejandro inauguró una serie de acciones rebosantes de carga simbólica e ideológica, como su visita a la tumba del mítico Aquiles en Troya. Casi de inmediato se enfrentó a las tropas persas, que eran superiores en número, junto al río Gránico, obteniendo una rotunda victoria y enviando a Atenas trescientas armaduras de los vencidos como ofrenda a la diosa Atenea.
Esta primera victoria no sólo asestaba un duro golpe al Imperio persa, sino que validaba el poder y las fuerzas de Alejandro y consolidaba su posición frente a los griegos. Nada podía detener ya su avance hacia las ciudades griegas de la costa de Asia Menor, que se concretó en la toma de Sardes y Éfeso, y en una fácil neutralización de la resistencia ofrecida por Mileto y Halicarnaso, animada por el rodio Memnón, aliado de los persas. Ante estas ciudades se presentó como libertador, instaurando sistemas pretendidamente democráticos, si bien bajo su control.
En su marcha hacia el interior, por Licia y Panfilia, llegó a Gordión en Frigia, donde se hallaba el célebre nudo que, según la leyenda, otorgaría el dominio de Asia a aquel que fuera capaz de deshacerlo. Alejandro lo resolvió cortándolo con un golpe de espada, incorporando otro acto repleto de simbolismo a sus acciones de confirmación y alarde de su poder y de legitimación de sus ambiciones. A través de Capadocia dirigió su ejército hacia Siria, alcanzando en la región de Cilicia la ciudad de Tarso, donde se vio retenido por una grave enfermedad. Pero apenas se hubo restablecido continuó con la conquista de las ciudades próximas, como Solos y Malos.
Siria, Palestina y Egipto
Encaminándose hacia el norte de Siria, en el otoño del año 333 a.C. llegó a enfrentarse con el propio rey aqueménida, Darío III, en Issos. En esta batalla infligió una nueva derrota a las tropas persas, obligando al gran rey a retirarse más allá del Éufrates y quedando a su merced el campamento en el que se encontraba la familia real: la esposa, los hijos y la madre de Darío.
Las conquistas de Alejandro Magno
Comenzó así una nueva etapa en la que consolidó su control en Asia Menor (en cuyas costas sucumbieron los últimos focos de resistencia persa), mientras las islas del Egeo eran liberadas por la flota macedonia, y abrió nuevas posibilidades de conquista en la región siriopalestina, cerrando las salidas al mar del Imperio persa. Al mismo tiempo lograba acallar las voces de determinados sectores griegos que aún se alzaban en su contra.
Las ciudades fenicias de la costa, desde Arados a Sidón, se entregaron sin presentar oposición alguna ante el irrefrenable avance del macedonio. Simultáneamente, Alejandro rehusaba las ventajosas propuestas de Darío III, que le ofrecía los territorios asiáticos al otro lado del Éufrates, así como una de sus hijas en matrimonio y diez mil talentos, a cambio de la paz y de la liberación de su familia (cuyos integrantes sí que restituyó al rey persa). Empeñado en su campaña de conquista, llegó ante las puertas de la ciudad de Tiro, cuya larga resistencia se reveló inútil, siendo castigada su población de forma ejemplar, al igual que la de Gaza. En el invierno del año 332 a.C. había culminado ya la conquista de Palestina y se dirigía hacia Egipto.
El asedio de Tiro
Ante la población egipcia, Alejandro se convirtió en el auténtico artífice de su liberación del yugo aqueménida; por ello, al alcanzar el delta del Nilo, no encontró demasiadas dificultades para vencer al sátrapa persa, aislado y sin el apoyo del pueblo egipcio. A su llegada a Menfis fue aclamado como libertador e investido con el poder y la corona del faraón. Precisamente, una de sus primeras medidas fue la fundación de una ciudad en el delta del Nilo, a la que dio su propio nombre, Alejandría. Después se dirigió a través del desierto hasta el santuario oracular de Amón, en el oasis de Siwa, donde fue proclamado por los sacerdotes como "hijo de Amón", dios ya identificado con Zeus por los griegos. Con ello consolidaba su propia ascendencia divina, como descendiente de la dinastía argéada, que se remontaba a Heracles y, por ende, al propio Zeus.
Mesopotamia, Persia y Media
Alejandro no se demoró mucho tiempo en Egipto, sino que retrocedió sobre sus pasos para llegar a las costas fenicias, desde donde partió hacia Mesopotamia en el verano del año 331 a.C. Habiendo dejado atrás el río Éufrates y después de atravesar el Tigris, se encontró en Gaugamela con el ejército de Darío, quien había renovado sin éxito su propuesta de paz. La victoria en esta batalla resultó decisiva, pues la retirada desordenada de los persas y la huida del rey dejaron indefensos muchos de los centros vitales del Imperio persa. Babilonia fue fácilmente sometida y Alejandro se apoderó del magnífico tesoro real; en Persia sucumbieron una tras otra las ciudades de Susa, Persépolis (donde incendió el palacio real) y Pasargada.
La batalla de Gaugamela(óleo de Jan Brueghel el Viejo)
Los continuos éxitos de Alejandro se vieron transitoriamente ensombrecidos por la sublevación de Esparta, secundada por otras ciudades antimacedonias, que fue finalmente reprimida por Antípatro. En la primavera del año 330 a.C., Alejandro reemprendió la marcha en pos de Darío hacia Media. Al llegar a Ecbatana, el persa se había escabullido de nuevo, refugiándose en Bactriana. Antes de reanudar la persecución, Alejandro decidió reorganizar sus tropas, relevando a los efectivos griegos (recompensados con magnanimidad) y encomendando al macedonio Harpalo la custodia de las ingentes riquezas obtenidas en los botines.
En su enconado acoso al rey persa se adentró en la región del nordeste, atravesando las Puertas Caspias. Entre tanto, Darío había sido derrocado por Beso, el sátrapa de Bactriana, quien ante el avance de Alejandro ordenó dar muerte a Darío, proclamándose soberano él mismo con el nombre de Artajerjes. Habida cuenta de la inesperada forma en que se habían precipitado los acontecimientos y se había transformado la situación en ese verano del año 330 a.C., no resulta extraño que Alejandro se hiciera cargo de los restos de su difunto enemigo, ordenando su sepultura en la tumba real de Persépolis. Con este aparente gesto de benevolencia subrayaba en realidad su condición de legítimo sucesor de Darío III. Como tal, debía acabar con el usurpador del trono y conquistar los territorios orientales del Imperio persa.
De Partia a la India
En la región sudoriental del mar Caspio y en el área irania fueron sometidos diversos pueblos, así como los territorios de Partia. Marchó entonces Alejandro hacia Oriente, conquistando sucesivamente Aria, Drangiana y Aracosia, donde se detuvo en la primavera del año 329 a.C. antes de atravesar el Paropámiso y la cordillera del Hindu Kush. Sin que las imponentes alturas supusieran un obstáculo, llegó a Bactriana, el refugio del usurpador, que, sin embargo, se había dado a la fuga. Siguiéndole con tenaz empeño por el territorio de Sogdiana, Beso fue finalmente capturado y ejecutado.
Infatigable en su afán de conquista, Alejandro continuó con su ejército en Sogdiana, tomando la capital, Maracanda (Samarcanda). Una revuelta surgida en esta ciudad, encabezada por Espitámenes, fue sofocada con prontitud, con la consiguiente muerte del insurrecto. Se alcanzaba así el límite del Imperio persa en el río Yaxartes. Sin embargo, la búsqueda de un confín natural explica su posterior campaña en la India, en la región del río Indo, concretamente en la conocida como de los "cinco ríos" (Punjab).
Relieve del sarcófago de Alejandro Magno
En la primavera del año 326 a.C., llegó a las riberas del Indo, granjeándose pronto el apoyo del rey Taxiles y de otros príncipes de la región del río Hidaspes, incluso en su enfrentamiento con el rey Poros, que dominaba la región que quedaba comprendida entre el Hidaspes y el río Acesines. Finalmente alcanzó el río Hifasis, el más oriental de todos, obteniendo de esta forma la sumisión de la región. Disuadido, ante la negativa del ejército, de seguir avanzando hacia el este, y tras convertir este curso fluvial en el límite oriental del imperio, emprendió el regreso.
En la región del Hidaspes, donde se detuvo el ejército en el invierno de 325 a.C. para construir una flota, se produjo el enfrentamiento con los malios, en el que Alejandro resultó gravemente herido por una flecha. En el verano del mismo año se emprendió el retorno, dividiendo el ejército con el fin de seguir un doble itinerario, uno por tierra, a lo largo de la costa y bajo el mando de Alejandro, y otro por mar, con la flota construida para la expedición a través del océano Índico y del golfo Pérsico, dirigido por Nearco.
En el itinerario seguido por Alejandro, destaca su enconado empeño de atravesar el desierto de Gedrosia (Beluchistán), emulando al propio Ciro, pero con un elevado coste en vidas entre las filas de su ejército. En la primavera del año 324 a.C. llegaba a Susa, dirigiéndose durante el verano a la ciudad de Opis y llegando en el invierno del mismo año, por fin, a Babilonia, convertida en capital de su efímero imperio. Desde allí se afanaba en sus planes para preparar una amplia expedición de conquista a Arabia, que quedó truncada por su prematura muerte el 13 de junio del año 323 a.C., provocada por la fiebre, acaso originada por anteriores y crónicas afecciones nunca curadas.



 LA SUCESIÓN DE ALEJANDRO Y LOS REINOS HELENÍSTICOS


 Se cuenta que, a la pregunta hecha a Alejandro, antes de su muerte, sobre la sucesión del Imperio, respondió que lo dejaba "al más digno"; y se asegura igualmente que una de sus últimas frases fue que "sus funerales serían sangrientos". Los generales de Alejandro, en número de 34, se distribuyeron las satrapías del gran imperio, pero sus contrapuestas ambiciones determinaron una solución de compromiso, según la cual, quedó nombrado regente del Imperio un hermanastro de Alejandro, llamado Filipo Arrideo, hasta que llegara a mayor de edad el hijo del gran caudillo, cuyo nacimiento era inminente. Nació, en efecto, el único hijo de Alejandro, que recibió el mismo nombre y fue nombrado corregente hasta su mayoría de edad. Pero entre los generales -los llamados "diádocos" (sucesores o herederos)- pronto surgieron conflictos. 
      El papel más difícil correspondió, al principio, a Antípater, porque los griegos tomaron la muerte de Alejandro como señal de liberación, y dirigidos por Atenas intentaron la vuelta al particularismo. La reacción fue tan intensa en la gran ciudad ática que movió, como ya se dijo, a Aristóteles a buscar la salvación en Calcis donde murió al año siguiente de la muerte de Alejandro. En este mismo año 322 a. J. C. Antípater destrozaba a las ciudades confederadas en Crannón y Demóstenes, desesperando de conseguir la independencia de Atenas, se suicidaba.En 321 murieron Pérdicas y Crátero, Antípater ocupó su lugar, como más calificado general, pero dos años después moría también el viejo militar con lo que aumentaron las complicaciones, ya que el regente Filipo Arrideo murió asesinado juntamente con su esposa Eurídice. Antígono se alzó entonces con lo poco que quedaba del poder central y habiéndose apoderado del tesoro real, aspiró al mando único.        Esta tentativa de unidad produjo la reacción de los demás generales que se coaligaron contra él dando comienzo a una larga y confusa lucha que duró casi medio siglo, hasta el año 281 a. J. C. en que murió el último general de Alejandro, Seleuco, el postrero de los diádocos. Episodio importante de esta lucha fue la batalla de Pisos, en Frigia, el año 301 antes de Jesucristo, en la que Seleuco y Lisímaco vencieron y mataron a Antígono, lo que dio paso a una primera división del imperio de Alejandro en cuatro reinos.        Casandro se apoderó de Macedonia y Grecia muriendo cuatro años más tarde y siendo arrojados sus hijos del trono por Demetrio Poliorcetes, hijo de Antígono, que estableció en aquel país la dinastía llamada de los Antigónidas.

Seleuco originó otra dinastía llamada de los Seléucidas, a quien correspondió el mayor lote del formidable imperio alejandrino: un vasto territorio constituido por veinte naciones distintas en raza, lengua y religión que sumaban más de 30 millones de habitantes.        Egipto, desde el año 306 a. J.C. constituyó un reino separado bajo el mando de otro "diádocos", Ptolomeo Lagos, fundador de la dinastía de los Lágidas, la cual rigió durante casi tres siglos el país hasta la dominación romana.Si la época de los diádocos fue turbulenta, no lo fue menos la llamada de los "epígonos" (los nacidos después), es decir, los sucesores de los generales compañeros de Alejandro que se habían repartido su imperio. El más estable fue el de Egipto. Alejandría, su capital, fue una de las columnas más firmes de la llamada cultura helenística. La Macedonia de los Antigónidas tuvo que luchar al principio en varios frentes: por el Norte, una invasión de galos o gálatas en 279 fue detenida por Antígono Gónatas, hijo de Demetrio Poliorcetes y su sucesor en el trono; por el Sur, con la Liga aquea que, en forma de organización religiosa intentaba vivificar el provincialismo de las antiguas ciudades griegas independientes. Rival de esta Liga aquea fue la Liga etolia, que entró en conflicto con la anterior, dando ocasión con ello a la intervención de Macedonia, siempre imperialista. Pero el enemigo más importante vino del Oeste, y fue Roma, que tras haber aniquilado a Cartago a finales del siglo III a. J. C. y haber organizado en su consecuencia el dominio del Mediterráneo occidental iba a lanzarse sobre el oriental. Los dos últimos reyes antigónidas fueron Filipo V, derrotado por los romanos en Cinoscéfalos (197 a. J. C.), y su hijo Perseo, asimismo vencido por el nuevo gran poder mundial en la batalla de Pidan (167 antes de Jesucristo), con la que desapareció Macedonia del concierto de las naciones libres. Fuera de este reino, hubo un fugaz Estado en el Epiro, bajo el gobierno del rey Pirro, que se decía descendiente de Aquiles.        Los Seléucidas, cuyo imperio ya se ha dicho que fue el mayor de los formados a la muerte de Alejandro, gobernaron poco menos que los Lágidas (hasta el año 69 a. J. C.), pero salvo algunos grandes conquistadores, su reino se fue desmembrando dando lugar a Estadículos que resultaron fácil presa de los romanos. El fundador, el ya citado Seleuco, fue llamado Nikator (vencedor) y fundó una ciudad, Antioquia, así denominada en honor a su padre Antíoco, y que fue una de las tres ciudades de la cultura helenística. Su sucesor, Antíoco I Soter (Salvador), hubo de detener la invasión de los gálatas que, vencidos en Grecia, se habían trasladado a Asia Menor; pero esta invasión facilitó la formación de pequeños Estados independientes que se consolidaron en los reinados de los sucesores de Antíoco I: Antíoco II Teso (el dios), Seleuco II Pogon (El barbudo) y Seleuco III. Antíoco III (223-186), el Grande, fue un soberano importante que pensó en la restauración del viejo imperio alejandrino, pero si fue afortunado en sus campañas en Oriente y en sus luchas con los Lágidas, topó con los romanos, que ya se habían deshecho de su rival cartaginés, y fue vencido por éstos en las Termópilas (191 a. J. C.), y decisivamente en Magnesia (190), teniendo que aceptar la humillante paz de Apamea (188) que dejaba reducido su dominio a poco más de Siria. Un nuevo momento de esplendor se produjo en el reinado de Antíoco IV Epifanes (174-164), que intentó la helenización completa de su reino, engrandeció Antioquia y persiguió a los judíos sustituyendo el culto de Jahvé por el de Zeus, lo que provocó la larga guerra de los Macabeos. Antíoco VII Sidetes (138-129 a. J. C.) fue también un rey guerrero que recuperó su dominio de la Mesopotamia, pero fue vencido y muerto por los partos (sucesores de los persas) en un desfiladero del Zagros. El último rey de los seleúcidas fue Antíoco XIII Asiático (69-64 antes de Jesucristo), vencido por el general romano Pompeyo.


Los versículos del 9 al 14 Habla del surgimiento de el terrible Antíoco Epífanes que como leeremos es un tipo del anticristo que surgirá en los dias finales, entre las tantas abominaciones de este impío se cuenta que estando en el templo de Jerúsalen se auto proclamo como EL DIVINO e hízo matar a un cerdo y vertír su sangre sobre los utensilios sagrados judíos. 


Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos: Antíoco Epífanes fue un certero y dramático cumplimiento de esta profecía en la historia - tanto que los críticos insisten que el Libro de Daniel debió ser escrito después de este tiempo.

 Antíoco Epífanes ejerció su dominio hacia el sur, y al oriente, y hacia la tierra de Israel.

Antíoco Epífanes asesinó a otros gobernantes y persiguió al pueblo de Israel (y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó).

 Antíoco Epífanes blasfemó en contra de Dios y ordenó una adoración idólatra dirigida hacia él (se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos).

 Antíoco Epífanes detuvo los sacrificios del templo en Jerusalén (por él fue quitado el continuo sacrificio).

 Antíoco Epífanes profanó el templo (el lugar de su santuario fue echado por tierra).

Antíoco Epífanes se opuso a Dios y pareció prosperar (echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó).

 Parte del ejército y de las estrellas echó por tierra: El ejército y las estrellas son símbolos utilizados en el Antiguo Testamento para ángeles, reyes y líderes, o el pueblo de Dios en general. Esta predicción fue cumplida en Antíoco Epífanes y en sus ataque en contra de los gobernantes y en contra del pueblo de Dios en general.

Los términos estrellas del cielo (Génesis 12:3 y 15:5) y las huestes de Jehová (Éxodo 12:41) son a veces utilizadas para el pueblo de Dios en general.

"Sin lugar a dudas el diseño aquí es para describir el orgullo y la ambición del [‘cuerno pequeño’], y para mostrar que él no pensó en nada que le excediera para sus aspiraciones." (Barnes)

 Y las pisoteó: Antíoco fue un infame perseguidor del pueblo Judío. Él quería que éstos se sometieran a la cultura y costumbres Griegas, y estaba más que dispuesto el utilizar asesinatos y violencia para obligarlos a hacerlo.

 La supresión de los Judíos por parte de Antíoco llegó a su clímax en Diciembre de 168 A.C. cuando él regresó de una derrota de Alejandría. Él ordenó a sus generales que se apoderaran de Jerusalén en el Día de Reposo. Allí él puso un ídolo de Zeus y profanó el altar al ofrendar un cerdo, y al rociar los jugos del cerdo en el santuario. El sacrificio se detuvo porque el templo fue profanado.


Los versículos finales relatan una profecía para este tiempo final, y sobre el surgimiento del hijo de perdición. 


Notas


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